Nuestra
historia
Cimientos de imperio y conquista
Nadie parece recordar que el Palacio de Cortés, la obra de arquitectura civil más antigua de México, fue levantado sobre los restos de un templo Tlahuica. Tras la caída de la gran Tenochtitlan, hacia el año 1521, Hernán Cortés inició en Cuernavaca la construcción de este palacio fortificado, destinado a resguardar los tributos que anteriormente se recolectaban para los aztecas.
La edificación avanzó con rapidez, quedando concluida definitivamente en 1535. Aquellos muros, cargados de historia, son el paisaje que hoy custodia nuestra terraza.
Prisión, Política y Arte
El entorno que rodea a Casa Hidalgo continuó transformándose con los siglos.
Dos centurias más tarde, el palacio vecino se utilizó como cárcel, albergando entre sus
frías habitaciones la reclusión del insurgente José María Morelos en noviembre de 1815.
Hacia finales del siglo XIX, el edificio se convirtió en la sede del gobierno estatal, función
que conservó hasta 1969. Su valor cultural se consolidó para siempre en la década
de 1930, cuando la terraza oriental del ahora Museo Cuauhnáhuac se transformó
en el lienzo donde Diego Rivera plasmó sus célebres murales.
De la Farmacia
Cruz Blanca
a Casa Hidalgo
Nuestra propiedad posee su propia mística. En la plaza, la mirada se cruza con el monumento al General Carlos Pacheco Villalobos, ilustre estratega que combatió bajo las órdenes de Porfirio Díaz.
Las instalaciones que hoy albergan al restaurante fueron, en el siglo pasado, la emblemática Farmacia Cruz Blanca.
En este mismo suelo operaron los primeros locutorios telefónicos de Cuernavaca, un punto de encuentro donde los habitantes acudían a conectar sus voces con el resto del mundo. Hoy, esa vocación de conectar a las personas permanece intacta, transformando la antigua farmacia en un refugio para celebrar la vida, el vino y los sabores de nuestra cultura.